Mi nombre es Ahicher Rodríguez, vivo en Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela; y me
encanta esta página sobre la Navidad, supongo que además de interesante este
espacio por todo lo relacionado con las fiestas decembrinas, su música, recetas,
galerías de fotos y todo lo que ella muestra; es porque al entrar en ella trae a
mi mente los más hermosos recuerdos de Navidad que viví junto a mis Padres
(ambos hoy en día difuntos), con quienes compartí las navidades más inolvidables
de mi vida, sin duda han sido las mejores, porque el sólo hecho de tenerlos
conmigo las hacían importantes para mí. Con ellos y mis hermanos, aprendí a
cocinar desde muy niña, a poner y adornar el árbol de navidad, a decorar nuestro
hogar por dentro y también por fuera (ya que las casas concursaban para primer,
segundo y tercer lugar de la mejor vivienda decorada y también la calle para la
mejor entre varias urbanizaciones petroleras), era un trabajo en equipo, que
lográbamos con mucho amor, armonía y dedicación.
Les escribo porque así como me gusta esta página también me gusta colaborar en
información sobre las tradiciones navideñas de mi país y como uno de mis
trabajos (como asesora de tesis universitaria), debo además de realizar el
contenido y analizarlo, hacer entrevistas y encuestas; pues, trato en lo mejor
posible de mantenerme informada, leyendo mucho e investigando; y tomando en
cuenta que desde siempre me ha gustado hablar mucho y desde muy niña
acostumbraba a conversar muy especial con personas mayores, más bien diría muy
ancianos para que me contaran sobre la vida de antes y luego me dedicaba a
escribir sobre sus historias. Es por ello que al hablarle sobre la Navidad en
Venezuela, me gustaría hacerlo de modo general y global, es decir, de todo lo
que ella trae consigo, así como también recordando tanto las navidades de ayer
(las pasadas) como las que vivimos hoy en nuestro presente.
Además, pienso, bueno no sólo lo pienso sino creo estar segura que para la gran
mayoría de los venezolanos nuestra Navidad no es tan solo las
patinatas alegres
que llevan la fiesta sobre ruedas por las calles de nuestras ciudades, sino
Fiesta Universal en Venezuela cargada de tradiciones decembrinas de ayer y hoy,
resaltando en cada vivencia la luz y los matices que nos habla de nuestra
Navidad como un acopio de múltiples culturas, venidas desde diversos rincones
del mundo y encontradas justo ahí, en lo ameno y emotivo de nuestras
celebraciones.
Cuando me refiero a Fiesta Universal y acopio de múltiples culturas, es porque
siendo mi persona criollita venezolana, los bisabuelos de mi abuelo paterno eran
de origen español que emigraron a Venezuela, luego me casé con un maracucho lo
que llaman aquí en mi país "rajao", pero hijo de padre con padres italianos; y
uno de mis cuñados casado con una muchacha maracucha hija de padres españoles; y
es que en Venezuela se han residenciado desde tiempos pasados inmigrantes
extranjeros de diferentes partes del mundo.
Navidad en Venezuela
en los Años 60, 70 y 80
Por otra parte, cuando me remonto a mí ayer, recuerdo que hubo días más amables
en Venezuela, cuando nuestro país despertaba al súbito y picante rumor de los
patines de hierro que poseían 4 ruedas (2 en la parte delantera y 2 en la parte
trasera). Era la época de los años 68 en adelante, aquellas fueron las mejores
navidades de mi vida, siendo niña, con todos mis hermanos y mis padres, son
navidades que nunca volverán para mí.
Todos los muchachos (tanto hembras como varones) de los campos petroleros (se
llamaba así en aquella época a las urbanizaciones petroleras; y en esta
población llamada Bachaquero del Estado Zulia, Venezuela; habían 5 grandes
campos petroleros, estas se llamaban: Progreso, Lídice, Belmonte, Junín y
Miraflores), además del resto de la población que no pertenecían a los campos
petroleros. Como les decía, todos los chicos(as) nos levantamos muy temprano,
salíamos de la casa, bien abrigados para protegernos de la temperatura
decembrina, y todavía oscuro (de madrugada) patinábamos rumbo a la Plaza
Bolívar, donde debíamos llegar antes de comenzar la misa de aguinaldo. Rodábamos
cuesta abajo, desde las esquinas centrales hasta la topografía más llana de las
aceras de la plaza, de la iglesia y sus alrededores. Los más pequeños, aún en
pijamas, se asomaban a las ventanas y veían la alegre tropa bajar sobre ruedas,
dando voces entre carcajadas y alborozo.
Convocados en la Plaza Bolívar la noche anterior, tenía lugar la patinata,
mientras los mayores asistían a la misa de aguinaldo. Y más tarde, con la
primera luz de la mañana, desayunábamos aún sobre los patines, los pastelitos,
tequeños y chocolate que ofertaban los vendedores ambulantes.
Tal era el tono, en las décadas sesenta, setenta y ochenta, en una población
pequeña sin los acosos del tránsito y el crimen, de una tradición navideña que
apareció como la adecuación caribe de una costumbre invernal: Patinar sobre
hielo.
Las Navidades en las naciones del Norte han de adaptarse al clima duro de la
nieve y por ello, la alegría de las fiestas se expresa sobre los patines que
rasgan la capa congelada de los lagos. Así, en la bien temperada Venezuela de
antes, y en muchas ciudades del interior del país, el asfalto de sus calles y
avenidas aparecía como apropiado sucedáneo al patinaje.
Trasiego y Evolución de las Tradiciones
Navideñas en la Venezuela de Hoy
Las fiestas de diciembre en Venezuela hoy siguen siendo, indudablemente
universal, porque es una de las más felices manifestaciones de acopio de
variadas culturas en una nueva. Y las patinadas (que aún perduran) son un
episodio más entre muchos que reafirman a nuestra Navidad como un acontecimiento
cosmopolita.
Por supuesto que la mayor parte de las tradiciones asociadas a la Natividad de
Jesús son de origen hispano, de donde proviene la religiosidad predominante en
el país. Y en suelo venezolano han adquirido una tesitura distinta determinada
también por lo indígena y lo africano, enriquecidas con el imaginario y la
musicalidad local.
Otra tradición traída de España y arraigada en la región de los Andes, donde
llegó y se aclimató primero, es la Paradura del Niño que también, debido a la
afluencia de gentes de Trujillo y Táchira, se ha instalado en la caraqueñísima
parroquia Sucre, donde ha adquirido un carácter local determinado además por lo
socio-económico. El Tarkarí de Chivo, por ejemplo, plato tradicional asociado a
esta fiesta, ha sido sustituido por una preparación semejante pero que prescinde
de la carne.
A los rasgos seculares e idiosincráticos de la Navidad Venezolana, que incluyen
una particular gastronomía centrada en la Hallaca y una musicalidad dominada por
los Aguinaldos y las Gaitas, se suma la abrupta transculturación de la sociedad
de consumo y los medios masivos que, inevitablemente, han dado pie a
manifestaciones distintas.
El Arbolito
de Navidad
Uno de los primeros precedentes de este fenómeno fue y sigue siendo el pino
adornado que, aún con las fluctuaciones que la crisis económica imprime a las
importaciones, ha mantenido su presencia en las navidades venezolanas. Sean las
olorosas puntas de coníferas canadienses que se importan en tiempos de pascua
decembrina o sus versiones artificiales en diversos materiales sintéticos, el
Pino Navideño remite obviamente a una cultura nórdica e invernal.
Para mí es difícil y creo que también para muchos otros profesionales,
determinar cuál fue la primera familia venezolana que se reunió para decorar el
arbolito (como pasó a llamarse entre nosotros), pero evidentemente la costumbre
se acento con la llegada de norteamericanos a nuestro país. Decían mis abuelos,
que sus abuelos les contaban y otros ancianitos que aún en los años treinta no
era frecuente encontrar el arbolito junto al pesebre o nacimiento venezolano.
Pero a estas alturas, la imagen del Pino ya no se separa de la Navidad Nacional
y en los puntos de especial afluencia extranjera como lo es la ciudad donde
vivo, es decir, Maracaibo, debido a su riqueza petrolera, la costumbre
trasciende la intimidad del hogar y se apodera de los árboles en la vía pública,
que irradian miles de luces durante las refrescantes noches de noviembre (época
en que se celebra las fiestas de la Feria de la Chinita) diciembre y parte del
mes de enero.
Elementos de Países del Norte:
Nieve,
San Nicolás y sus renos, Villancicos
en Inglés.
También en los centros comerciales que aparecen como el nuevo foco de la
actividad navideña abunda la iconografía proveniente del norte: San Nicolás con
su vistoso traje rojo, muñecos de nieve simulados en cartón y crepe o anime; por
las altas voces mana preferentemente algún villancico en inglés, en vez del
tradicional aguinaldo.
Igualmente los cines y la programación de televisión ofrecen historias que
transcurren en ambientes nevados, con la aparición de San Nicolás en vez de los
más hispanos Reyes Magos; episodios de renos y tranvías, chimeneas y pinos
decorados.
Las mismas patinatas que durante un tiempo vivieron un paulatino ocaso, resurgen
de la mano de una moda proveniente del mundo industrializado (los lujosos como
tecnológicos patines lineales).
Se trata de un fenómeno inevitable de un mundo cada vez más intercomunicado, que
no tiene por qué verse desde una perspectiva fatalista, pero que sí amerita un
compromiso de los venezolanos hacia sus propias tradiciones.
Mientras en las calles, en los centros comerciales, los cines y la televisión se
constata la Navidad venezolana como un hecho multicultural y cosmopolita, en la
intimidad de los hogares, al calor de las cocinas, en torno al familiar fogón
acontece algo a la vez paralelo e inverso. En las casas de los inmigrantes
extranjeros, en el seno de las variadas colonias que honran a nuestro país con
su residencia y trabajo, la celebración de la Navidad como lo harían en su
tierra de origen recibe amable el dato venezolano que ingresa para formar parte
consustancial de sus costumbres en el lugar de adopción. En otras palabras, la
criollización de las navidades española, portuguesa, italiana, alemana, entre
otras.
Integración de
Culturas
Las familias en general, incluyendo la de inmigrantes que también se han
adaptado al calendario decembrino propiamente venezolano que, a su vez, es de
herencia múltiple. La Noche Buena nuestra, por ejemplo, que coincide con The
Christmas Eve del mundo anglosajón, no es una fecha de igual significación en
las culturas mediterráneas, como la italiana y la española, que reservan el
banquete para el día siguiente. Los italianos, por ejemplo, hacen vigilia la
noche del 24, luego de cenar sencillamente con pescado.
Así mismo, la entrega de regalos para los españoles no sucede a la medianoche
del 24 al 25, sino hasta el 6 de enero, Día de Reyes.
No obstante, en suelo venezolano las comunidades de inmigrantes celebran al
unísono la Noche Buena criolla, fiesta en la que confluye además de su sazón, su
música, y es hasta posible ver a una familia oriunda de Sicilia cantando el
criollísimo aguinaldo Niño Lindo, pero acompañado no con cuatro, sino con el
italianísimo acordeón, lo cual le imprime un carácter un tanto extraño y
misterioso, parecido al golpe de estribillo oriental, en el que se emplea la
cuereta, indudable hija de la musicalidad corsa que llegara de esa costa.
Finalmente, me gustaría despedirme con millones de besos y abrazos para
todos, esperando tengan unas Felices Fiestas Navideñas 2007 y deseándoles un muy
Venturoso Año Nuevo 2008, dondequiera que se encuentren y quien quiera que sea,
porque de seguro que será un ser sumamente especial. Que todos los Santos los
Bendigan y protejan desde el cielo.
Ahicher Rodríguez
Maracaibo, Zulia, Venezuela
22 septiembre 2007
(cc)
1998-2009 CIVILA.com - Ciudades Virtuales Latinas - y Educar.org
Coordinación y Responsables: Nidia Cobiella y Carlos Miranda - Ver Créditos. Iconos por Yahir Vite