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Mensaje de Navidad 2008
Jesús es, sin duda, el centro vital de este
formidable plan emergente de salvación para la humanidad que dijo -no- al sueño
del Creador.
Por eso, cada Navidad debemos sentir, como sintió
Jesús, la urgencia de recuperar ese proyecto de Dios y permitirnos soñar un
mundo diferente: sin odios ni violencias, sin miserias y enfermedades, sin
abusos y corrupciones.
Sí, podemos soñar, porque la Navidad mueve no
sólo muchas economías del planeta sino que de un modo especial y misterioso
moviliza los corazones que, en estas fechas, están más propensos a enlazarse y
conectarse con las necesidades, angustias y problemas de otros, cercanos o
lejanos…
Dejémonos invadir, sin ningún temor, por esa
corriente impetuosa de amor, alegría, unión y perdón que nos trae el recuerdo de
un Dios Niño, para generar actitudes nuevas y cambios importantes en nuestras
vidas y en los demás.
Desprendámonos de los pesos muertos que pueden
detenernos: el rencor, la envidia, la comodidad, el egoísmo…
Avancemos al nuevo año con el espíritu renovado,
con el afán de lucha y la esperanza a flor de piel para emprender planes
personales y sociales de justicia y caridad.
Seamos un aporte certero en la restauración del
sueño de felicidad para la cual fuimos creados por nuestro Padre Dios. Alicia y Nicolás Parducci Sciacaluga
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