colaboración del rabino Gastón Bogomolni
(gaston@codetel.net.do) en Santo Domingo
En recuerdo de esos ocho días que ardió el aceite, celebramos la
fiesta de Jánuka por un lapso de ocho días.
No son días de reposo absoluto y de interrupción del trabajo
cotidiano como las otras fiestas del calendario judío, sino que a la hora de encender las
velas, después de la puesta del sol, se dejan de lado por un rato las labores de la
jornada, para dedicar esos minutos a la ceremonia de encendido de las velas.
El candelabro que se utiliza en esta fiesta se llama Janukiá. Tiene 9
brazos: 8 de ellos a la misma altura, y un noveno en una posición diferenciada, llamado
Shamash (en hebreo "servidor"). Las velas se encienden en orden creciente,
siendo que el primer día se enciende primeramente el shamash y con éste se enciende una
vela, el segundo día se enciende nuevamente el shamash y con éste se encienden dos
velas, y así sucesivamente hasta completar las ocho velas en la octava noche.
Se suele obsequiar a los niños monedas "dinero de Jánuka",
o regalos en su reemplazo.
Las comidas tradicionales para esta fiesta son las
"sufganiot" -bolas de masa frita fritas en aceite y rellenas de dulce- y las
"levivot" o "latkes" -pasteles fritos de papa rallada, también fritos
en aceite. El motivo por el cual se sirven comidas fritas en aceite es para recordar
justamente el milagro de la jarra de aceite que duró ocho días.
Los niños acostumbran jugar con una perinola (en hebreo "Sevivón") de
cuatro lados. Dicha perinola lleva escritas, en cada uno de sus lados, las iniciales de la
frase: "Un Gran Milagro Ocurrió Allí".