
El Arbol de Navidad | Diferente Navidad | Los Dos Angelitos | Ilusoria Navidad | Invitación a Navidad | Juan el Sarnoso | Luna de Nochebuena | Mensagem de Natal | Navidad | Oración de Navidad | Pablito | Texto | Un Hecho | Sueño hecho Realidad
La mixtura colores luminosos de la anoche
anterior ha cambiado por el enjambre de pequeños, que
acompañados de sus padres han acudido a la plaza a lucir los
juguetes que les trajo “el Niño” en Nochebuena. ¡Qué
exposición de los reglalos, la niñas, pequeñas madrecitas,
acunan tiernamente sus muñecas, los varoncitos circulan en
las bicis, y, en fin, es Navidad, y en este momento reina la
alegría.
Mezclado entre esta menuda gente,
inadvertido, corretea el hijo de la indiecita, su carita no
es tersa sino rajada por los vientos de la puna, su
vestimenta raída, con malos remiendos por donde asoma
impertinente su pobreza, ha venido con su madre dejando sus
fríos lares para ver si en la ciudad consiguen ropa y comida
y luego volver a su pago; y el pequeño de tres años,
descalzo, va dejando sus huellas con un camioncito que
alguien le regalara.
En esto se acerca, otro pequeño con una
enorme ametralladora, - te cambio por tu camión, - le dice,
y el indiecito que no habla castellano murmura algo en su
dulce quechua, y palabras vienen, palabras van, en dos
lenguas tan distintas, con el traductor de la inocencia, que
el diálogo ha terminado con un arma abandonada y dos
pequeños que un camión, emprenden viaje por los imaginarios
caminos bolivianos.
Un chofer viaja por el altiplano árido, por
las montañas nevadas pasando de soslayo pequeño valles
tibios de donde recogen, mariposas y flores, cuando es otro
el conductor, pasan por las ciudades llenas de gente
apresurada, de luces y de bullicio, y pasa el tiempo y el
viaje continúa.
Al rato, las palomas contemplan los
embelesadas desde la atalaya de los árboles, los transeúntes
se detienen y sonríen y el fotógrafo de la plaza se apresura
a tomar la foto que será su obra maestra, y es que, dos
angelitos, uno moreno, de barro y otro rubio de porcelana,
han entrelazado sus alitas para quedarse dormidos cansados
de tan largo viaje.
por Yolanda Lira
desde
Sucre, Bolivia
Recibido el 24 de diciembre del 2003